Esta casa japonesa se ha convertido en la última ‘gamberrada’ artística del colectivo 目[mé]
Nos encontramos en la ciudad de Beppu, en la isla japonesa de Kyûshû, en pleno sur del archipiélago. Se trata de una antigua zona volcánica que ha conservado su actividad geotérmica hasta la actualidad. El mundo entero acude aquí por la fama de sus aguas termales (onsen), cuyos vapores blancos, azules y rojos se divisan desde lejos. Considerada por los expertos como una de las ciudades más geotérmicas del mundo y apodada “el infierno” en las viejas leyendas locales, este intrigante lugar ha inspirado al colectivo artístico japonés 目[mé], en activo desde hace más de una década.
A sus integrantes les gusta apoderarse de un lugar, distorsionando su historia y su significado para crear experiencias sorprendentes. En Beppu, han intervenido una casa japonesa y la han convertido en una cueva, como si el tiempo y la temperatura local la hubieran erosionado de forma natural. Se trata de Space II, la última creación de este travieso grupo de artistas.
El arte de sorprender
Haruka Kojin, Kenji Minamigawa y Hirofumi Masui son los fundadores de 目[mé] (que significa "ojo" en japonés). ¿Su planteamiento? “Crear obras que nos permitan revivir el ‘mundo tal como es’, aquel que se despliega constantemente ante nuestros ojos”, afirman en su página web. Sus obras han llegado hasta la Japan Society de Nueva York o el Centro Pompidou-Metz, que han acogido varias de sus instalaciones. Entre sus logros más notables, encontramos la galería de arte que montaron en 2020 en una casa en ruinas de otra isla japonesa, creando un gran contraste mediante la mezcla de géneros (un concepto llamado Space I); la recreación de olas monumentales o sus rostros hinchables gigantes instalados en parajes naturales (incluyendo, por cierto, el madrileño Parque del Retiro en el verano de 2024). Con esta misma voluntad de sorprender, ahora han intervenido la arquitectura de esta casa japonesa para presentar Space II.
Juegos de percepción
Hace unos meses, esta casa japonesa no tenía nada de especial. Una estructura blanca con tejado inclinado de tejas, tan convencional como cabría esperar encontrar en cualquier ciudad europea. Sin embargo, en las últimas semanas, la construcción ha despertado un enorme interés, recibiendo la visita de una legión de curiosos que acuden en masa a verla con sus propios ojos.
Para convertir esta vivienda en una caverna gigante, con enormes agujeros visibles desde el exterior, en lugar de aumentar la construcción existente, el colectivo optó por extraer material de ella. Excavando, los artistas han formado una verdadera cueva, con un aspecto volcánico admirablemente reproducido gracias a las irregularidades del material. El objetivo era difuminar las percepciones sensoriales y las fronteras entre interior y exterior, arquitectura y naturaleza, vacío y lleno.
Una experiencia multisensorial
Desde lejos, la casa parece haber sufrido una erupción volcánica o haber sido construida alrededor de una formación rocosa. Las paredes de la cueva solo son claramente visibles al acercarse. Una vez que se entra por la escalera exterior, es posible orientarse en la oscuridad gracias a una rampa que guía a los visitantes por las galerías excavadas. Es una experiencia inquietante, que se hace eco de las características geológicas específicas del lugar, cuyos suelos, compuestos de volcanes ahora inactivos, ocultan una historia que se remonta a miles de años atrás; de ahí la leyenda de un pasaje subterráneo “infernal”.
La obra también plantea interrogantes sobre los orígenes de nuestra civilización, cuyas huellas se han encontrado principalmente en cuevas. Hace unas pocas semanas, arqueólogos australianos e indonesios descubrieron la pintura humana más antigua jamás hallada, de unos 70.000 años de antigüedad, que se cree que perteneció a los primeros habitantes de Australia.
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Artículo publicado originalmente en AD Francia





