Arte Punk: estos son los arquitectos que van a construir con madera quemada el Guest Lounge de ARCOmadrid
Cuando los jóvenes arquitectos Manuel Bouzas, Pablo Sequero y Laura Salazar decidieron abordar el diseño del Guest Lounge de la 45ª edición de ARCOmadrid (el espacio de encuentro para coleccionistas y profesionales del arte durante la feria), eligieron, como se suele decir, tomar partido. El corazón de su proyecto, bautizado como 350.000 Ha, late en los bosques de Laza, Ourense, un territorio marcado por incendios recientes que dejaron tras de sí un paisaje negro y desolado (el verano de 2025 fue el más devastador en la historia forestal gallega), pero también un material cargado de historia y posibilidades.
Una narrativa sobre resiliencia
“Miles de visitantes mirarán de frente a estos troncos quemados”, anuncia Manuel Bouzas, mientras caminamos entre los restos carbonizados de pinos centenarios. Con este paseo invernal, en exclusiva para AD, Bouzas no solo pretende mostrar el desastre, sino ofrecer una narrativa sobre resiliencia. “Queremos dejar atrás el dramatismo de aquellas semanas en las que el fuego acaparó la televisión y los periódicos para enfocarnos en el optimismo; mostrar cómo, incluso en medio del desastre, hay personas que reaccionan y actúan”, explica este arquitecto español, Premio Princesa de Girona Arte en 2025.
“Por eso, decidimos presentar al concurso de ARCOmadrid una pieza más crítica, punk y provocadora, que conectase el espacio de la feria con lo que ocurre fuera y llamase la atención sobre un problema del que solo se habla cuando arde y luego se olvida”, dice Bouzas.
Un gesto de esperanza que se traduce en acción tangible: la madera quemada que a fecha de nuestra visita permanecía en el monte se ha reactivado como elemento central del Guest Lounge, un espacio de 1.200 metros cuadrados ubicado dentro de uno de los descomunales pabellones de IFEMA, en Madrid.
“La conciencia de que somos parte de un ecosistema y de un ciclo vital más amplio es inherente a los arquitectos de nuestra generación. No es simplemente un ejercicio intelectual, sino una respuesta a la necesidad de enfrentar las crisis ambientales que vivimos”, opina Pablo Sequero, quien, como Bouzas, se formó en la ETSAM (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid) e imparte clase a jóvenes arquitectos en universidades de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos. Semejante filosofía es palpable en este proyecto, donde cada decisión de diseño –desde la selección de la madera hasta la forma– refleja una profunda conciencia ecológica.
El bosque es de todos
“Cuando creces en Galicia es muy difícil obviar el paisaje; está presente al final de cada calle, estructura el territorio y condiciona la forma en que la gente vive en él”, añade Bouzas, contextualizando su infancia en un lugar donde los bosques son comunales, de todos los vecinos, y se rigen por lo que se conoce como Ley Germánica, una serie de costumbres medievales heredadas de los pueblos del centro de Europa que invadieron la península ibérica. Un ejemplo es el bosque de Laza, en las imágenes de este reportaje, que nutre a estos arquitectos de madera y que se organiza en asambleas locales.
“Si diseñas con madera y no con hormigón, por ejemplo, ves lo que hay detrás de ese material. Cada decisión afecta a lugares y a personas, entendiendo en su verdadero significado la ecología: la relación de una cosa con todas las demás”, dice Bouzas, cuya abuela, de hecho, “junto a la farmacéutica del pueblo”, cuenta, reclamó los bosques de su municipio de Pontevedra para los vecinos tras el final de la dictadura. “Mi padre ha tomado el testigo”, revela.
Un punto de encuentro
Mientras paseamos por estas laderas ennegrecidas, a pie o en coches robustos, las aldeas casi vacías aparecen en el horizonte, como reductos de resistencia contra la despoblación rural y los incendios. En esta misión, los arquitectos destacan la importancia de la cooperación con Veta, división de la empresa maderera local Finsa, que trabaja directamente en los montes. Con sus recursos se retiran los árboles quemados que transforman un desastre ambiental en una gran oportunidad creativa. “Esto es una carrera contrarreloj. Los árboles quemados hay que retirarlos cuanto antes, para evitar plagas y permitir que el bosque se regenere”, explica Iago Gallo, ingeniero de montes y parte del equipo de Veta, que también está presente en la comitiva durante nuestro viaje.
Los troncos que vemos a nuestro alrededor en pilas de varios metros de altura se
usarán en el Guest Lounge de manera sensorial y narrativa: la corteza para revestimientos, la madera aserrada para los planos de luz y los tableros de partículas del triturado de elementos inservibles para el restaurante. Las lámparas –voladizos con finísimas chapas de madera de 0,4 mm de espesor obtenidas del pelado de los troncos– irradiarán luz cálida, evocando las piezas del diseñador japonés Isamu Noguchi y zonificando un espacio de calma, introspección y conexión con la historia del material que sus artífices han denominado Lumbre.
“Espacialmente, los troncos crean lugares de encuentro; mientras, las lámparas parecen flotar sobre ellos”, sugiere Laura Salazar. La arquitectura de Bouzas y de Salazarsequeromedina funciona en este caso como activismo. En sus manos, el Guest Lounge se convierte en una plataforma de concienciación sobre incendios, despoblación y sostenibilidad. Además, el proyecto se vincula con la potente tradición española en arquitectura efímera, desde el Pabellón de los Hexágonos (1956) hasta la labor anual del festival Concéntrico, fomentando la innovación, la investigación y dando visibilidad a las nuevas generaciones a través de concursos abiertos.
Y luego están los mitos, que para algo estamos en Galicia. En la cultura celta, la de los antiguos moradores de estas tierras, el bosque es sagrado: hogar de espíritus protectores, deidades naturales y portales hacia el más allá. Leyendas como las meigas, los trasnos o la Santa Compaña recuerdan la persistencia de esta cosmovisión, impregnando la identidad local y la relación con la naturaleza. La Lumbre que vemos en ARCOmadrid 2026 evoca esta tradición: espacios de congregación al calor del bosque.
Porque esta madera quemada no es solo un recurso; es memoria del paisaje, testigo de destrucción y renacimiento. Cada tronco conserva la historia del incendio y las capas de corteza carbonizada. La luz de las láminas delicadas de madera del techo proyecta sombras chinescas, inspirando fragilidad y resiliencia. El visitante percibe la tragedia de la pérdida, la belleza de la madera transformada y la posibilidad de regeneración, reflexionando sobre nuestra relación con el territorio y el ciclo de los materiales.
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