Inspirándose en las casas pequeñas de Japón y en los camarotes de los barcos, este piso diminuto reinventa el uso del espacio vertical
Observar los tejados de París y dejarse fascinar por la belleza que ofrece la ciudad más visitada del mundo es siempre una experiencia evocadora. En la Avenue de New York, en uno de los barrios más emblemáticos de la capital francesa, encontramos este piso de tan solo 13 m2, diseñado por el estudio Chayeb & Paradis, fundado por Sarah Chayeb y Pauline Paradis. Con vistas al Sena, el espacio goza de una ubicación privilegiada, a pocos pasos de monumentos como la Torre Eiffel y el Palacio de Chaillot.
“Inicialmente renovamos una vivienda de 200 m2 para nuestro cliente Nicolas. Una vez terminado el piso principal, compró dos antiguas habitaciones de servicio y nos encargó también este nuevo proyecto. Se trataba de transformar un espacio minúsculo en un estudio acogedor: un pied-à-terre para los amigos y la familia”, explican Sarah Chayeb y Pauline Paradis.
Desde el principio, el proyecto se centró en maximizar el espacio vertical disponible, para aprovechar al máximo cada centímetro libre. “El encargo exigía integrar todas las funciones esenciales de un piso –escritorio, cocina, cuarto de baño, una pequeña zona de estar, un espacio para la lavadora y un dormitorio– en una superficie extremadamente reducida”, explican las diseñadoras.
Inspiración náutica y japonesa
El objetivo era maximizar la funcionalidad y mantener una estética ligera y diáfana. “El verdadero reto era incluir todas las comodidades necesarias y, al mismo tiempo, preservar la sensación de apertura y una buena iluminación natural. Además, las antiguas estancias no tenían cuarto de baño, pero conseguimos integrar discretamente uno en este estudio”, cuentan las arquitectas. El mobiliario se diseñó a medida. Para separar la zona de noche de la de estar sin recurrir a un sofá cama, se aprovechó la generosa altura del techo, creando un altillo al que se accede por una escalera. Los camarotes de los barcos y las casas pequeñas de Japón han sido una constante fuente de inspiración para este milagroso proyecto.
Un espacio que se abre hacia arriba
Desde la entrada, la mirada se dirige naturalmente hacia arriba, hacia el luminoso altillo, creando una sensación inmediata de verticalidad y apertura. La zona de estar es compacta, pero extremadamente funcional: un escritorio de generosas proporciones permite trabajar cómodamente y, extendiéndose hacia el sofá, se convierte en una estantería para libros, acentuando la fluidez de la distribución.
Una gran ventana sobre el escritorio inunda la habitación de luz natural y enmarca la vista de los tejados parisinos. El sofá cama, pensado principalmente para el descanso diario, también puede acoger a un invitado ocasional. Los cajones integrados en la base ofrecen un valioso espacio de almacenamiento.
Toques de color y superficies espejadas
La cocina se concibió como una estancia discreta pero totalmente equipada, con un lavavajillas compacto, un fregadero generoso y una placa de inducción. “Dado el carácter residencial del barrio, era importante disponer de una cocina cómoda. El acero inoxidable cepillado y las superficies espejadas dialogan con la madera de Alpi. Los espejos amplifican la luz y la percepción del espacio, mientras que todos los elementos de la cocina se ocultan con unas puertas (también de espejo). Completa el espacio una lámpara de pared cromada de Delta Light”, explican las diseñadoras.
Por su parte, el cuarto de baño, sin ventanas, se convierte en un pequeño refugio cromático, revestido con azulejos de cristal de un azul intenso inspirados en el océano. Este tono profundo se equilibra con el suelo de parqué pintado de blanco y los paneles de madera ligeramente ondulados, que contribuyen a crear una atmósfera tranquila y envolvente.
Para mejorar la utilización del espacio, el lavabo se ha separado de la zona de ducha, lo que permite que dos personas utilicen el cuarto de baño al mismo tiempo. También aquí, el uso de espejos amplifica la luminosidad y la profundidad visual. Entre el sofá y el lavabo, hay un armario oculto tras unas puertas (de nuevo de espejo) que, además de ofrecer espacio de almacenamiento, esconde la lavadora.
Dormir en las alturas
Una escalera de metal blanco diseñada a medida conduce al altillo, acompañada de una barandilla curva personalizada que proporciona seguridad e intimidad. El espacio para dormir es deliberadamente esencial: la cama de matrimonio ocupa casi toda la superficie disponible, mientras que los nichos para colocar las luces, los objetos personales y los dispositivos electrónicos se han tallado en las vigas existentes. Totalmente acabado en blanco, este pequeño dormitorio está diseñado para dirigir la mirada hacia el exterior, dejando que los tejados de París y la Torre Eiffel dominen la escena.
A pesar de sus reducidas dimensiones, esta casa está organizada con gran precisión y puede ser habitada cómodamente por dos personas. Aquí, cada elemento tiene un lugar preciso: no hay que mover ni transformar nada. El resultado es un espacio a escala humana que transmite orden y tranquilidad, donde se puede vivir, trabajar y descansar.
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Artículo publicado originalmente en AD Italia







