En el apartamento en Nueva York de Matt Duffer, cocreador de Stranger Things
Matt Duffer, cocreador de Stranger Things junto con su hermano Ross, ha pasado la mayor parte de su carrera creando mundos de ficción inmersivos. Sin embargo, con el apartamento en Manhattan que compró recientemente con su prometida, Sarah Hindsgaul, le resultó bastante difícil imaginar las posibilidades. La vivienda centenaria nunca había sido reformada, aparte de un triste falso techo añadido en los años 50. "Normalmente se me da bien visualizar cómo podría quedar algo", dice. "Pero aquí me costó".
Un desastre con mucho potencial
Fue Hindsgaul, la diseñadora responsable de los estilos retro de Stranger Things, quien vio el potencial del piso. "Me pareció glorioso, tenía grandes habitaciones con puertas francesas y un poco de espacio al aire libre que no requería demasiado mantenimiento", dice. Pero también admite que este apartamento de 1929, con chimenea de leña y tres terrazas, era, al mismo tiempo, "un desastre".
Un diseñador con credenciales
Duffer y Hindsgaul, cuya residencia principal está en Los Ángeles, donde viven con sus hijas Pippa, de 4 años, y Saga, de 2, tuvieron que trabajar durante meses en esta casa del Upper East Side de 210 m2. La distribución de las habitaciones era estupenda, pero requería un replanteamiento completo. Dada la magnitud de la reforma, era especialmente importante elegir al diseñador adecuado. El elegido fue Kyle O'Donnell, de Gramercy Design, cuyo trabajo en el loft del actor de Stranger Things, David Harbour, en el centro de la ciudad les había gustado mucho. "Le llamamos y conectamos de inmediato", dice Duffer. "Kyle tenía una fuerte visión de lo que podía hacer con el espacio, y Sarah también, así que confié plenamente en ellos".
Toques escandinavos y de color
O'Donnell estaba encantado de tener la oportunidad de tocar cada superficie. "Queríamos respetar la arquitectura del propio edificio", dice. "Así que reinterpretamos muchos detalles, como las molduras de escayola, y restauramos el suelo de roble".
Todos estuvieron de acuerdo en mantener la distribución existente, salvo algunas modificaciones. El estrecho cuarto de baño del dormitorio principal se amplió y la cocina ganó unos metros cuadrados. "Necesitábamos una cocina más moderna", dice Hindsgaul. "Crecí en Copenhague y echaba mucho de menos ese tipo de distribución europea". Sus raíces escandinavas influyeron en otro aspecto: los azulejos de pared que representan barcos vikingos, encargados por O'Donell al estudio Douglas Watson de Inglaterra evocando un único mural de estilo Delft.
Limitaciones que se convirtieron en ventajas
"Al principio íbamos sobre seguro, pero luego presentamos opciones de diseño más atrevidas y nos dijeron que sí", explica O'Donnell. "Se convirtió en un apartamento mucho más divertido y fantástico".
Las habilidades de diseño de O'Donnell se pusieron a prueba en el salón, donde los problemas estructurales impidieron a su equipo retirar todo el falso techo. Dándole la vuelta a la restricción, creó una "cúpula" ovalada de la que colgaba una escultural lámpara de araña de escayola. "Es realmente interesante cómo Kyle convirtió algunos de los obstáculos que aparecieron mientras hacíamos las reformas, en obras de arte arquitectónico", dice Hindsgaul.
Sofá para diez y clientes audaces
Luego está el sofá central de la habitación, que tenía que ser lo bastante resistente para las dos hijas pequeñas de la pareja y lo bastante grande para acoger hasta diez personas en las noches de cine. A O'Donnell se le ocurrió una pieza brutalista formada por filas de cubos orientados tapizados en mohair de color óxido. "No conozco a mucha gente a la que le guste eso", dice el diseñador. "Con clientes como Sarah y Matt, fue una oportunidad para probar cosas que nunca había hecho antes". Más color y más audacia aguardan en el comedor adyacente, un espacio envuelto en un mural pintado a mano que representa escenas botánicas en tonos verdes y ámbar, obra del artista Dean Barger.
Un refugio en la ciudad
La habitación sobre la que Duffer y Hindsgaul tenían más dudas al principio es la que más les gusta: la suite principal, lacada de pies a cabeza en marrón Chocolate Candy de Benjamin Moore, y amueblada con un juego de tocador de polipiel roja.
"Tenía mucho miedo de que resultara demasiado sexy en cierto modo: es una combinación de colores intensa", dice Hindsgaul, que incluso utilizó la paleta como punto de partida para el marketing de su nueva marca de cuidado del cabello. "Es sin duda mi espacio favorito", añade.
Duffer está de acuerdo. "A veces Nueva York me parece demasiado estimulante, así que era importante para mí que tuviéramos un lugar en el que refugiarnos", dice el creativo, que está ocupado trabajando en un spinoff de Stranger Things, y en un largometraje, con su hermano Ross. "Lo que más me gusta del apartamento es que entras y hay una energía muy tranquilizadora en él, en el dormitorio en particular".
Mientras que muchas segundas residencias responden a una inversión inmobiliaria, la que nos ocupa está diseñada para durar. "No tengo intención de deshacerme nunca de este apartamento", dice Hindsgaul. "Puede que envejezca aquí".
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Artículo publicado originalmente en AD Estados Unidos













