Esta casa luminosa
Lo mejor y lo peor de reformar un edificio con una identidad muy marcada es, precisamente, esa identidad. El carácter de una propiedad puede convertirse tanto en una losa que dificulte cualquier gesto propio o en una brújula para el cambio. El brutalismo contundente del exterior de la vivienda de la arquitecta y paisajista Alba Illanes no fue un obstáculo, sino el punto de partida para diseñar un interior coherente, sereno y en diálogo con el conjunto.
Todo comenzó con la llegada de su primer hijo. Illanes y su pareja llevaban mucho tiempo buscando casa en la capital, pero la subida de precios hizo que decidieran abrir el perímetro de búsqueda. Así llegaron al municipio de Majadahonda (al noroeste de la Comunidad de Madrid), a esta finca brutalista de 1979 proyectada por el arquitecto Luis Alfonso Pagán. Pagán también llevó a cabo el conjunto residencial y hotelero de Los Manantiales en Torremolinos, que recuerda mucho al icónico Torres Blancas de Saenz de Oíza.
Mires donde mires…
Cuando Illanes se hizo con la propiedad, la construcción conservaba su planta original, separando la zona de día de la de noche. No obstante, algunas reformas posteriores habían trastocado la distribución incorporando una terraza al salón, panelando las paredes y añadiendo puertas que dividían en exceso el espacio hasta volverlo excesivamente oscuro. “El edificio tiene un lenguaje muy marcado en el exterior. Sin embargo, en el interior había perdido toda su esencia”, explica la arquitecta. Y añade: “La sensación que buscábamos era la opuesta a la que nos encontramos la primera vez que visitamos la casa: oscura, compartimentada, confusa. Buscábamos luz, conexiones visuales y claridad”.
Desde el inicio los objetivos estuvieron claros. Tampoco había otra opción: tenían que llevar a cabo la reforma en cuatro meses. “Somos una familia activa y creativa. Nos gusta cocinar, invitar a gente, hacer de la casa un espacio de creación además de un refugio. La prioridad era crear una distribución flexible, que se pudiese adaptar a distintas etapas evolutivas de la familia y que permitiese asimismo flexibilidad en el día a día, creando espacios versátiles que pudiesen utilizarse de forma diversa de día o de noche”, dice.
Una casa luminosa para vivir y evolucionar
La zona pública fue la que más cambió. Se eliminaron todos los tabiques, algo posible gracias a la estructura de hormigón de grandes luces, y se recuperó la terraza original con el voladizo de la losa vista. Al abrir el espacio, se crearon conexiones directas entre el interior y el exterior, lo que permitió incorporar dentro los mismos materiales y tonos presentes en la fachada.
La gran cocina pasó a ser centro y gran protagonista del hogar. La madera de roble de los frontales, de CUBRO, añade el punto justo de calidad frente a los pilares desnudos de hormigón. “Los materiales de CUBRO nos permitieron integrar la cocina en la zona común como un elemento de mobiliario más, pero sin perder la funcionalidad del espacio”, destaca la arquitecta.
Diseño, herencias y mucha calle
Hubo varias sorpresas inesperadas que casi les hicieron temer por los tiempos, como encontrar la solera de los baños en un “estado lamentable” o el deterioro del refuerzo de la fachada de la terraza. Al final, bajo un lienzo casi blanco roto en su totalidad, el mobiliario fue llegando como un puzzle líquido, en el que todas las piezas encajan unas con otras. “Muchos de los muebles son de segunda mano, herencias o joyas vintage encontradas en el Rastro de Madrid o incluso en la calle, mezcladas con mobiliario de marcas como Ikea, Habitat, Hay, Ferm Living, Made o Muebles Lufe”, termina Illanes. El resultado, como ella quería, era una casa preparada para evolucionar con los años.
Seguir leyendo…
- ¿De verdad necesitamos armarios altos en la cocina o simplemente no nos habíamos atrevido a quitarlos antes?
- Este apartamento en Palma de Mallorca nos enseña cómo huir del bullicio de uno de los barrios más turísticos de la ciudad
- Tabiques fuera, pilares a la vista y riqueza de texturas: este piso madrileño tiene las claves para reformar con poco presupuesto y sello propio
- El récord absoluto de las casas pequeñas: un piso de 13 m2 equipado con todo lo que se puede necesitar (altillo secreto incluido)









