Este acogedor piso de Valencia demuestra que lo más importante es lo que no se ve a simple vista

Un juego de sombras y luces, texturas nobles y líneas puras: así es la reforma con la que Burondo ha convertido una vivienda compartimentada en un espacio fluido, sereno, acogedor y lleno de vida.
En el comedor la mesa y las sillas son de Audo Copenhague. Sobre ella lmpara PH5 Pendant de Louis Poulsen.
En el comedor, la mesa y las sillas son de Audo Copenhague. Sobre ella, lámpara PH5 Pendant de Louis Poulsen.David Zarzoso

En arquitectura, como en la literatura, a veces lo más importante es lo que no se dice. O, mejor dicho, lo que no se ve a simple vista. En el último proyecto de Burondo, fundado por las arquitectas Beatriz e Isabel Blanco, la clave está en los espacios intermedios: las transiciones entre luz y sombra, los volúmenes que dejan respirar la estructura y la continuidad visual. "Nos gusta trabajar con espacios de transición entre la luz y la sombra”, explican. Un gesto mínimo, un concepto mayúsculo.

Sobre la isla de cocina lmpara Flowerpot VP10 en amp Tradition.

Sobre la isla de cocina, lámpara Flowerpot VP10 en & Tradition.

David Zarzoso

Este piso de 128 metros cuadrados en pleno centro de Valencia se encuentra en un edificio con fachada protegida de los años 60, por lo que el mayor reto del estudio fue transformar una vivienda oscura y compartimentada en un hogar donde todo fluyese , con una arquitectura “muy depurada, honesta y sencilla”, que sirviera de marco para la colección de libros, objetos y mobiliario mid-century de sus propietarios. Un farmacéutico y una consultora —con una niña de dos años— que, tras haber confiado ya una primera reforma al estudio, volvieron a apostar por ellas.

Los taburetes de la cocina son de la colección In Between de ampTradition. Al lado peana Pillar Pedestral de Ferm Living.

Los taburetes de la cocina son de la colección In Between de &Tradition. Al lado, peana Pillar Pedestral de Ferm Living.

David Zarzoso
La cocina es el corazón en la nueva vida de esta casa intervenida por Burondo.

La cocina es el corazón en la nueva vida de esta casa intervenida por Burondo.

David Zarzoso

Una casa para habitar, no para exhibir

El punto de partida era un clásico de la arquitectura de mediados del siglo XX: un pasillo largo y estrecho con una sucesión de estancias cerradas que dejaban pocos resquicios para la luz. Para los clientes, la prioridad estaba clara: “querían una cocina abierta al salón y cambiar la sensación de pasillo angosto, haciendo las estancias más amplias y ordenadas”. Así que el equipo de Burondo desplegó su estrategia: apertura, fluidez y un juego de texturas que dieran calidez a los espacios.

El mueble del recibidor es de Ferm Living .

El mueble del recibidor es de Ferm Living (Pylo Console Table).

David Zarzoso

Pero el reto no terminaba ahí. “El principal desafío fue integrar una vivienda passive house sin sistemas de calefacción, conservar al máximo las alturas originales y responder a un programa muy exigente por parte de los clientes”. En otras palabras: la eficiencia energética y el bienestar debían ser invisibles, pero impecables.

Aparador de Borge Mogensen para Karl Andersson amp Soner adquirido en El Recibidor.

Aparador de Borge Mogensen para Karl Andersson & Soner adquirido en El Recibidor.

David Zarzoso

El material como narrador

El lenguaje del proyecto lo marcan los materiales. Como un hilo conductor que da coherencia a la intervención, el suelo de madera de roble en punta Hungría recorre toda la vivienda, aportando esa calidez que le es tan característica. “Elegir una paleta de color homogénea nos permite resaltar las luces y las sombras, potenciar el vacío y las texturas propias de su materialidad con la intención de crear una atmósfera serena”.

La atomósfera envolvente invade cada rincón de este apartamento incluidas las zonas que conectan espacios.

La atomósfera envolvente invade cada rincón de este apartamento, incluidas las zonas que conectan espacios.

David Zarzoso

En la cocina, verdadero epicentro del hogar, el mármol en tonos grisáceos veteados dialoga con la madera, mientras que en los baños se apostó por un tono rosado combinado con iluminación cálida y carpintería de roble. Todo pensado para enmarcar, sin sobrecargar, el mobiliario escandinavo y los objetos personales que los propietarios han ido recopilando en sus viajes.

TMM de M. Milà en su versión aplique para la mesita de noche .

TMM de M. Milà en su versión aplique para la mesita de noche (Santa & Cole).

David Zarzoso
Acceso al dormitorio desde la zona de día.

Acceso al dormitorio desde la zona de día.

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Las puertas, enrasadas con la pared y de 240 cm de altura, mantienen esa continuidad visual: un cambio de material sin rupturas, casi como si flotaran en el espacio.

Inspiraciones y detalles

En este proyecto, los clientes tenían una referencia muy clara: el hotel Casa Boumort, con su estética cálida y su integración con el entorno. Pero por si fuera poco, para Burondo el gran referente ha sido siempre Louis Kahn. “Su forma de diseñar tiene un equilibrio entre la estética y la función, resaltando la pureza de las formas, el tratamiento de la luz y el vacío”.

Una paleta de color homognea recorre toda la casa.

Una paleta de color homogénea recorre toda la casa.

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Baño en suite.

Baño en suite.

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Ese vacío lleno de significado es el que se percibe al entrar en la casa. No hay excesos decorativos ni artificios, pero cada rincón está pensado para que la vida suceda de forma natural. Y el espacio más especial, según las arquitectas, es sin duda el salón-comedor, donde la luz natural cambia la atmósfera a lo largo del día. “El día del reportaje de fotos nos salió nublado, por ejemplo”, comentan entre risas.

Quizá ahí está la clave del proyecto: en su capacidad para ser vivido, más allá de la instantánea perfecta. Una casa que no solo luce bien en una foto, sino que crece cuando la vives.

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