La última creación de Jaime Hayon es una pieza única que reescribe el paisaje urbano de Madrid e invita a reflexionar sobre el poder del amor
“En un contexto de fractura, una escultura puede convertirse en un símbolo silencioso”, comenta Jaime Hayon sobre su última pieza, Love Catcher, presentada el pasado 18 de febrero en el marco del Madrid Desing Festival. Ubicada en los jardines del Rosewood Villa Magna de Madrid, la figura de ocho metros se estira hacia el cielo madrileño en una acción que decide, en mitad del ruido del Paseo de la Castellana, apostar por el amor. Una escultura como esta, en palabras de su autor, “puede recordarnos que existen otras formas de relación, otras energías posibles”.
“A veces la resistencia no es confrontación, sino insistencia en la sensibilidad. Insistir en la poesía. En la ternura. Crear una imagen de aspiración y afecto en medio del ruido ya es una postura política, aunque sea una política de la emoción”, continúa. Hayon convierte así el espacio público en un gesto de resistencia luminosa frente a una época de tensiones y conflictos.
Monumental, pero efímero
La pieza recién presentada forma parte de la serie escultórica Soft Bronze, una investigación en la que Hayon tensiona lo matérico y lo conceptual. En las piezas que componen esta serie, el artista utiliza materiales ligeros pero con apariencia de sólidos y pesados, como el mármol, el latón o, en este caso, el bronce. “Siempre me ha fascinado el juego entre percepción y verdad”, comenta sobre esta aparente contradicción.
En el caso de Love Catcher, la estructura ligera evoca la presencia solemne del bronce, pero sin su peso real. Así, la obra sugiere lo monumental y eterno, pero a través de una figura hinchable que en su materialidad es efímera y frágil. “Lo monumental transmite autoridad, permanencia, poder. Pero vivimos en una época donde todo es más complejo, más frágil. Trabajar con materiales ligeros que evocan el bronce o el mármol me permite hablar de esa dualidad: fortaleza y vulnerabilidad coexistiendo. La pieza parece sólida, pero su esencia es flexible. Esa tensión entre lo que parece eterno y lo que es efímero es profundamente contemporánea”.
Una oda al amor, entendido desde la acción
El personaje de Love Catcher, una criatura humanoide pero también con elementos animales, no se limita a sostener un corazón, sino que estira para alcanzarlo. “Porque el amor no es una decoración emocional, es un acto”, explica Hayon. “El personaje no contempla el corazón; intenta alcanzarlo. Ese gesto implica movimiento, intención, riesgo. Incluso fragilidad. Me interesaba mostrar el amor como energía ascendente. Como algo que exige voluntad. No es pasivo sino que empuja hacia arriba y además es bello a nivel formal”, añade.
Un matiz, en el que Hayon vuelve a trabajar, como es habitual, construyendo una historia y, sobre todo, rompiendo los límites entre arte y diseño. “Trabajo desde la narrativa visual me encanta contar historias. Si una pieza genera reflexión simbólica, puede leerse como arte. Si dialoga con el espacio, la función o la cultura material, también pertenece al diseño. Para mí esa hibridación es natural. No busco pertenecer a un territorio, sino construir un lenguaje propio poco a poco”.
El encuentro inesperado en el espacio público
La escultura, instalada en el espacio público, también propone un detenimiento en medio del ruido de la ciudad. En este sentido, cobra vida en un contexto diferente al de un museo o galería. “Ya no depende de una iluminación perfecta ni de un silencio expositivo. Convive con el tráfico, con la arquitectura, con la vida cotidiana. Se vuelve más democrática, más vulnerable, más viva”.
Así, la sorpresa de quien se la encuentra forma parte del propio objeto de arte: “esa interrupción inesperada transforma la experiencia”, matiza Hayon. Un encuentro en el que el artista espera que podamos reconocernos, de alguna manera, en el gesto que representa Love Catcher. “Todos estamos intentando alcanzar algo que nos trascienda. Si durante unos segundos la obra despierta ese reconocimiento íntimo, entonces ha cumplido su propósito”, concluye.
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