El arte contemporáneo, según la comisaria Laura Revuelta
Arte parece, plátano es. Este título que huele a infancia encierra no solo una divertida paradoja (alude a la famosa fruta que el artista Maurizio Cattelan pegó a la pared y vendió por un total de 6,2 millones de euros), sino también el que probablemente sea el ensayo en español más relevante para entender el arte actual. Lo escribe, con tono vigoroso, analítico y no exento de humor, la periodista, comisaria y crítica de arte Laura Revuelta, hilándolo a partir de la disección de 21 hitos que explican el mercado del arte en lo que llevamos de siglo. Hablamos con ella.
L. R.: El público, en general, sabe bastante poco... como no sean los grandes nombres del siglo pasado, los 'artistas etiqueta' a los que se les ubica poco más que por el nombre y ni siquiera se les sabe contextualizar. El público se acerca al arte contemporáneo en la mayoría de las ocasiones para reírse de él o para hacerse una foto que luego subir a redes sociales. Y todo ello sin mucho conocimiento de causa; sin saber las circunstancias o el porqué de lo que ha hecho ese artista en cuestión y ejercer así una crítica razonada.
La culpa de esto no la tiene la gene, sino que intervienen muchos factores en este desconocimiento: desde los medios de comunicación y su manera de contar y explicar el arte hasta los propios agentes que forman parte del arte contemporáneo, que han optado por encerrarse en su mundo y no buscar complicidades con el público ni hacerse entender. Hablo de un público muy generalista y mayoritario, porque, lógicamente, también existen excepciones.
Me gustaría ser optimista, pero me temo que el arte sigue muy encerrado en sí mismo. Lo que debería saber el público es que el arte, desde la segunda mitad del siglo XX, está muy implicado con la sociedad y sus reivindicaciones. Por tanto, se da la paradoja de que cuanto más comprometido es el arte con su tiempo, más se aleja la sociedad de él por abusar de un cierto cripticismo, de vivir encerrado en su burbuja.
L. R.: Fundamentalmente, para conocer tu tiempo: cuáles son las pautas estéticas y éticas de la época en la que vives. Luego, te podrá gustar o no gustar, lo podrás aceptar o no aceptar, pero para tomar esa decisión primero debes saber, intentar entender qué hacen los creadores. Cada época tiene su discurso artístico y sin esa concatenación temporal no se habría escrito la Historia del Arte. Para mí, nada hay más satisfactorio que vivir e intentar entender el arte de mi época porque me hace pensar y me permite entender mejor el momento en el que vivimos.
Algo que no acepto es lo que yo llamaría el arte vintage, el que copia por copiar códigos de tiempos pasados. Cada momento de la historia tiene sus discursos artísticos, arquitectónicos, etc., que casi siempre han sufrido incomprensión y pese a ello, ahí están. Si no hubiera sucedido así, tal vez seguiríamos viviendo en una cueva y decorando sus paredes con pintura rupestre.
L. R.: No es una situación nueva, pero puede que nunca antes hayan sido tan poderosa como ahora. Dentro del mercado del arte hay muchos mundos, muchos niveles de mercado y muchos tipos de galerías que se dirigen a otras muchas clases de públicos y coleccionistas. Por ejemplo, ARCO es una feria pensada para el nivel de coleccionismo y galerismo que hay en España y, sobre todo, para fomentar el coleccionismo, que es lo más importante. Lo que ocurre es que esa preponderancia de las grandes desvirtúa la realidad del mercado para el público general. Es decir, que lleva a pensar a mucha gente normal que una galería es un lugar inaccesible, en el que solo pueden comprar los muy ricos y poderosos.
L. R.: Hirst es muy listo. Yo diría que es uno de los artistas más listos que ha dado el arte de las últimas décadas. Que sea listo no quita que sea también un gran artista. Lo que pasa con él es que sabe jugar muy bien a la provocación, ya sea a través de la palabra o de sus obras. Cuando asegura eso en una entrevista, sin duda, está dando un titular que parece frívolo pero que encierra una gran verdad y una gran boutade a la vez. Él habla de ver su nombre en un crucigrama cuando las redes sociales ni existían. Hoy, el poder está en ser un fenómeno en redes sociales, en tener miles de seguidores y que tu obra se convierta en un eco viral. Tal es el caso de Yayoi Kusama, que no es una artista joven, tiene casi 100 años, pero que arrasa en la cultura pop.
L. R.: Seguirá siendo así porque lo más fácil es escandalizar, provocar, llamar la atención… Así ha sido siempre y así lo seguirá siendo, más aún con el efecto de las redes sociales y lo que venga a partir de ahora. No es que haya tendencias o modas en la forma de hacer esto, sino que la mente de la sociedad sea más o menos estrecha en sus miras. Y ahora vivimos tiempos un poco estrechos de miras y, por tanto, es susceptible de epatar toda clase de arte que trate sobre el género, por ejemplo, o cualquier otro asunto controvertido que atañe a la sociedad contemporánea. De todas maneras, quiero dejar claro que el hecho de que una obra o artista jueguen a epatar no quiere significar que sean malas obras y malos artistas.
L. R.: ¡Qué difícil pregunta! No hay solo uno, pero quizá se puedan resumir en un solo concepto: vanguardia. Todos aquellos eventos que hayan generado vanguardia, avance, en el fondo y en la forma de la creación, son capitales. No se me ocurre uno, sino muchos... No obstante, la tecnología y sus avances y revoluciones han sido fundamentales en el arte y sus desarrollos, y creo que la inteligencia artificial, la IA, es y va a ser un punto de inflexión importante para lo bueno y lo malo.
L. R.: Sin duda, aunque los tiempos que vivimos sean bien inciertos. El mercado del arte ha vivido y mil y una crisis y de todas ha salido fortalecido: como valor seguro, tiene vida para rato.
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