Sobria pero excesiva, sagrada a la par que profana, con una luz llena de oscuridad. Así es la obra de Caravaggio. Un constante juego cargado de contradicciones que marcó toda su trayectoria. Con un dominio sublime de la técnica, revolucionó la pintura con su estilo realista y el uso pionero del claroscuro. Piezas de marcado carácter psicológico, de un realismo extraordinario y con un juego de luces y sombras magistral, cuyas figuras y objetos parecen querer salir del cuadro, gritando silenciosamente para captar la atención del espectador.
Personajes sagrados que descienden a lo mundano y personas profanas que se elevan hasta lo divino protagonizaron gran parte de sus cuadros pero también de su vida. Esa marcada por grandes excesos, igual que el estilo del que fue precursor, el Barroco.
Y es que Caravaggio fue un artista rebelde, innovador y provocador. Considerado hoy en día uno de los grandes genios de la historia del arte, no siempre ha sido así. De hecho, fue denostado por sus contemporáneos y la imagen que nos ha llegado de él es la de un hombre violento y peligroso. Sin embargo, como nos explica Jaime de los Santos, autor de la novela “El evangelio según Caravaggio”, publicada por la editorial Contraluz, “la gran parte de cosas que la mayoría sabemos sobre Caravaggio no son ciertas. Son el resultado de, por un lado, un constructo que sus contemporáneos quisieron hacer para acabar con su fama, y, por el otro, de la recuperación de su figura en la década de los cincuenta del siglo XX con una mirada casi legendaria: la del hombre violento, homosexual y oscuro que pintaba como vivía”.
“Lo único que hecho ha sido rellenar los espacios de penumbra con datos históricos del tiempo en el que vivió y un poco de ficción siempre tratando de ponerme en su piel”
Historiador, escritor y político, Jaime de los Santos consigue en su libro dar luz a todas las zonas de sombra que hay en la biografía del pintor, buscando la verdad y el rigor histórico. Porque, como cuenta en exclusiva a AD, “la realidad es que no hay ni un solo documento que nos hable de su sexualidad, si acaso de su relación con mujeres prostituidas como Anna Bianchini y Fillide Melandroni, ni nada que indique que era más violento que el resto de hombres que, como él, trataban de sobrevivir en la Roma de las conspiraciones, la enfermedad y el hambre.”
¿El resultado? Una novela fascinante, asombrosa y adictiva que ofrece una nueva mirada, precisa y de gran sensibilidad, capaz de revelarnos a un artista libre, innovador y enormemente humano, “un genio absoluto que vivió intensamente uno de los periodos más convulsos de la edad moderna y que ofreció respuestas a través de unas pinturas que lo único que buscaban era la verdad. Y eso, en sí mismo, ya era revolucionario”, apunta De los Santos.
Y es que Caravaggio fue capaz de “reflejar al hombre con sus miserias, atravesado por las consecuencias del paso del tiempo, en mitad de un mundo complejo. Y a la divinidad como simples mujeres y hombres que sufren del mismo modo que quienes estaban llamados a convertirse en sus fieles”, nos indica el autor del libro.
“La verdad de Caravaggio irrumpe con tanta fuerza, porque nos sorprende y nos descoloca. Y porque a la vez nos demuestra que hay un tipo de belleza que por muy terrible que nos pueda parecer, no deja de ser sublime”
Jaime de los Santos lleva muchos años estudiando profundamente al pintor. Todavía recuerda como si fuera ayer la fascinación que le produjo ver el cuadro “La dormición de la Virgen” durante sus clases de Historia del Arte en COU. Fue en ellas donde descubrió la importancia que el pintor barroco ha tenido en la historia de la cultura universal y se obsesionó con esa figura de la virgen totalmente novedosa. Luego llegó la universidad y la carrera elegida, Historia del Arte, le permitió seguir analizando profundamente su obra, descubriendo, además las similitudes que el pintor tenía con uno de los grandes maestros del cine, Pier Paolo Pasolini, que protagoniza también la novela. “Su particular mirada hacia el desfavorecido, sin paternalismo ni romanticismo, su verdad absoluta” nos cuenta De los Santos que son algunos puntos que tiene en común con Caravaggio. “Pero es que además, uno de los mentores de Pasolini fue Roberto Longhi, el responsable de la resurrección de la figura de Caravaggio a mediados del siglo XX, el primero en catalogar y analizar su obra en profundidad. Y ahora, que se cumplen cincuenta años del brutal asesinato del gran director de cine no podía escapar a la necesidad de escribir sobre él. Sobre ellos dos”.
Para ello, ha leído y releído muchísimo, viajado a Roma, revisitado las salas del Museo del Prado, del Thyssen y de las Colecciones Reales para revivir una y otra vez el sentimiento que provoca enfrentarse al arte de Caravaggio. Ha investigado también varios archivos italianos que le han revelado pistas sobre lo que el pintor pudo llegar a ver, vivir y sentir. Y ha hecho grandes descubrimientos más allá del artista. Cuándo le preguntamos cuál es el que más le ha marcado no duda en su respuesta, “lo que más me ha sorprendido y que ha hecho que aparezca un personaje que nunca pensé que se convertiría en la otra gran protagonista, ha sido descubrir a Costanza Colonna. La hija del virrey de Sicilia y héroe de Lepanto que tanto hizo por el pintor, y que vivió de un modo impensable para la época; con unas cotas de libertad nunca vistas y con un interés por la cultura admirable en una mujer de su tiempo”.
“Desgraciadamente el papel de la mujer ha sido silenciado demasiadas veces y en la historia del arte de forma muy especial; de ahí mi obsesión por reivindicar su figura”
Las mujeres son otra parte muy importante de su libro. “Las mujeres son, han sido y siempre serán imprescindibles para todo. Por supuesto también para Caravaggio -y para Pasolini; ahí están su madre, sus actrices, sus amigas-“, sentencia el escritor. No solo está Costanza Colonna, su gran protectora sino que también nos cuenta que muchas de las personas de mayor confianza de Caravaggio eras mujeres prostituidas. Todas ellas forman parte de su novela, dándoles la voz y la autoridad que se merecen.
“El evangelio según Caravaggio” es, por tanto, una novela histórica con tintes de ficción. Un viaje maravilloso a la Roma del siglo XVII, la de los papas todopoderosos y la de los jubileos. Una época cargada de belleza pero también de contrastes, pasiones y muerte que nos revela una visión excepcional sobre un nuevo Caravaggio, uno que es capaz de enseñarnos grandes verdades si aprendemos a mirarlo. “Es un artista que nos interpela y nos recuerda que la única certeza absoluta en la vida es que se extinguirá”, mostrándonos “que somos transitorios y que, sólo si nos lloran y nos recuerdan no desapareceremos jamás”, nos cuenta Jaime. “Ese es el evangelio de Caravaggio, «El evangelio según Caravaggio»”, termina. Ese que, nos confiesa, le ha hecho sentir absoluta felicidad mientras lo escribía.
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