Mudarse de Monterrey a Ciudad de México fue para Anna Sarelly más que un cambio de ciudad; se trató de una transformación creativa y personal. “Ciudad de México me dio color”, nos dice mientras recorre su departamento, un espacio que parece guardar en cada rincón la historia de esa evolución.
Antes de llegar a la capital, su casa era minimalista, neutra y amplia, con paredes claras y muebles blancos. Pero esta ciudad, con su energía vibrante y su diversidad, le abrió la puerta a un mundo distinto: uno en el que los contrastes dialogan y conviven con armonía.
Un interior cálido y versátil
Su departamento en la Condesa es prueba de ello. Paredes de concreto expuesto —frías y duras a primera vista— se equilibran con muebles versátiles, plantas que brotan vida y pops de color estratégicos que hacen de cada rincón un espacio que se siente acogedor y con personalidad. “Siento que el concreto es como un lienzo en blanco que puedes vestir como quieras”, comparte.
Y es justo esa mezcla de elementos lo que define el estilo ecléctico y lleno de alma en su hogar, donde conviven piezas modernas, toques mid-century y acentos de color que rompen con la sobriedad sin perder la elegancia.
Para Anna, su departamento no es solo el espacio donde habitar, sino un reflejo íntimo de quién es. “Mi depa es un reflejo de mí”, dice con convicción. En ese sentido, cada decisión de diseño ha sido parte de un proceso de autodescubrimiento: al principio trajo muebles básicos y neutros de su antigua vida en Monterrey, pero con el tiempo fue integrando piezas que contaran una historia más cercana a su estilo y personalidad actual.
Un ejemplo claro está en el baño, un espacio pequeño donde —literalmente— cabe el mundo: postales, mapas y prints de sus viajes tapizan las paredes y convierten cada visita en un recorrido por sus memorias más profundas. Al mismo tiempo, es una oportunidad para iniciar conversaciones, motivadas desde el rincón más inesperado del hogar. “Quería que incluso ese espacio tuviera alma, porque es un lugar donde te das el tiempo de ver con atención”, nos cuenta.
El departamento además es un espacio funcional y práctico, adaptado a su dinámica y rutina. En la CDMX, donde cada metro cuenta, Anna eligió muebles multifuncionales: bancos que almacenan pesas, una mesa de centro ligera que puede mover para hacer espacio para su rutina de ejercicio, y luminarias que crean ambientes cálidos e invitan a la convivencia.
“Más que un espacio grande, lo que importa es que funcione para ti. En esta ciudad aprendes a hacer que las cosas fluyan, a moverte con el ritmo y encontrar soluciones creativas para vivir a gusto”, reflexiona.
Un hogar que celebra la esencia en cada detalle
Esa versatilidad y sentido práctico también se manifiestan en la forma en que su hogar dialoga con sus otros intereses: la moda y la belleza. Es preciso mencionar que Anna ha desarrollado su propia marca de maquillaje y accesorios, y lejos de ser un proyecto separado, esta firma nace del mismo universo que su estilo personal y su espacio, pues se inspiran entre sí, en una especie de retroalimentación constante. “La marca es un reflejo de mí y mi casa es un reflejo de mí. Mi estilo ha evolucionado y con ello también la imagen y productos que creo”, explica.
Entre las piezas que más significan para ella está la gran cantidad de espejos en su sala, que no solo amplían visualmente el espacio, sino que le dan un toque de vibra y movimiento, reflejando luz y belleza en cada rincón.
Y aunque su departamento ya es un refugio pleno, Anna sueña con darle un giro a su terraza privada, que por ahora está en blanco. “Quiero hacer un espacio abierto donde pueda convivir, desayunar, hacer ejercicio y trabajar, con una parte cerrada para días de lluvia”, comparte con entusiasmo.
En un mundo tan acelerado y cambiante, el departamento de Anna Sarelly es un oasis personal, un lugar donde la mezcla de concreto brutalista, plantas, texturas y objetos con historia hacen que cada día sea un pequeño viaje a su mundo interior. Un espacio que no solo se habita, sino que se siente y se vive.







