Luis Rojas, conocido también como San Jacinto, un diseñador apasionado por la arquitectura de interiores y el diseño de mobiliario, ha encontrado en el estilismo y el diseño floral una ventana donde desbordar su creatividad. Su travesía hacia el mundo floral comenzó tras un curso de arreglos florales, organizado por amigos y, desde entonces, las flores se han convertido en una pieza central de su obra.
Graduado en Diseño Industrial del Tecnológico de Monterrey, Luis acumuló 15 años de experiencia en el despacho de Beata Nowicka, actual directora de la licenciatura de arquitectura de Interiores en la universidad CENTRO. Durante su tiempo allí, trabajó en diversos proyectos de interiores que lo encaminaron hacia su actual pasión. En 2020, un viaje a Oaxaca lo introdujo al Ikebana, una técnica floral japonesa, donde trabajó con vegetación de montaña en un entorno zen, profundizando su aprecio por la vegetación y las composiciones florales.
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Para esta nueva etapa profesional, adopta el nombre de San Jacinto, el cual también utiliza para su cuenta de Instagram y que sin querer ha sustituido su nombre de pila. Este nombre proviene de la plaza San Jacinto, ubicada en el sur de la Ciudad de México, en el barrio de San Ángel, un lugar que frecuentaba a menudo con su abuela y que en el mundo digital, se transformó en un verdadero laboratorio de ideas, permitiendo a Luis expresar libremente su visión única sobre el diseño y el arte floral, desde su vivienda.
Tras una peregrinación por varias residencias en la Ciudad de México, Luis tuvo la oportunidad de regresar a la casa donde creció, un espacio que ha transformado en un refugio de creatividad y diseño. La decoración de su hogar es una amalgama de influencias: desde la casa-taller de Diego Rivera y Frida Kahlo por Juan O'Gorman, la casa Eames en Los Ángeles, la arquitectura de Luis Barragán, los diseños de Clara Porset, hasta la corriente funcionalista mexicana. Cada espacio en su casa refleja un enfoque curatorial, donde objetos comunes se transforman en arte y los diseños funcionales celebran la rica cultura mexicana.
“Creo que como mexicanos tenemos una responsabilidad de integrar este tipo de elementos artesanales en nuestra vida de alguna manera. Es una forma de conservar las tradiciones, valorar las manos de las personas que las realizaron y que nos dan identidad,” comentó. Por toda la vivienda se encuentran varios motivos que se repiten. Los Judas, diablitos y calaveras, son elementos que retoman las fiestas populares que le parecen eventos catárticos, muy elaborados pero efímeros, lo que los hace extremadamente bellos. Los mercados y talleres de artesanos le han dado vida a su residencia, como los jarrones en forma de pies hechos por el estudio oaxaqueño Pumarosa, una amiga cercana del creativo y que, además, ha incluido en algunas de sus comisiones florales.
En la sala, una esquina resalta con una colección de Judas de cartón creados por maestros cartoneros como Sotero Lemus. Esta exhibición despliega una paleta cromática vibrante, con un dominante naranja tostado similar al barro que cubre los muros, complementado por los textiles del sofá. La mesa con forma de mano, adquirida en San Miguel de Allende, evoca las icónicas sillas de Pedro Friedeberg. Completan el ambiente libros, cerámicas y otros objetos artesanales, creando un espacio ideal tanto para la conversación como el descanso.
En el comedor, una larga mesa rosa se encuentra rodeada por sillas de madera pintadas a mano, sobre las cuales cuelgan diablitos de cartón y piezas de mimbre que añaden un toque escultural a la iluminación. Una selección de juguetes y Judas mexicanos aportan un aire juguetón. Al fondo, estantes rebosan de vajillas de barro y decorativos hechos a mano. Cortinas de fibra de palma enmarcan los accesos, adquiridas en La Merced y tradicionalmente usadas contra la lluvia, completando el diseño del espacio.
La visión curatorial de Luis para su espacio posee una cualidad casi museográfica, diseñando escenas que permiten apreciar distintas composiciones de diseño. "El diseño en mi hogar busca enmarcar elementos que inspiren y motiven. Es importante darse en la vida momentos, que, no sean cursis, pero si románticos para pensar en lo bonito de la vida", afirma. Su habitación, es ejemplo de ello al ser un refugio de introspección en armonía con el jardín. La cabecera de la cama, un diseño propio recuperado de un proyecto nupcial, está adornada con un collage de flores tomadas de pinturas de monjas coronadas del virreinato. Las cortinas vaporosas además de dar privacidad son un detalle que dan la impresión como si la habitación diera suspiros a lo largo del día.
El patio techado y jardín de la residencia sirve como un espacio multifuncional de inspiración, convivencia y trabajo. La mayoría de la vegetación, plantada por la abuela de Luis, contribuye a un entorno frondoso y acogedor. Dedicó una zona para una mesa y sillas, rescatadas de un restaurante clásico de Coyoacán, y adornada con un Judas inspirado en los realizados por Carmen Caballero, una conocida cartonera vinculada a Diego y Frida. En el ambiente techado la decoración se complementa con jarrones oaxaqueños y grandes macetas procedentes de una fábrica en San Jerónimo, conocida por producir los macetones de Barragán.
Luis ha logrado un equilibrio estético en su hogar, creando espacios dedicados para distintas actividades y estados de ánimo. Algunos objetos y muebles son de uso personal exclusivo, mientras que otros en áreas comunes están destinados a ser compartidos. Su estudio floral es un espacio dinámico diseñado para adaptarse a sus necesidades creativas y prácticas, permitiéndole tiempo para leer, trabajar y contemplar. “Inicialmente, describiría mi casa como una piñata explotando de color y vida. Este espacio está diseñado para fomentar rituales diarios en un ambiente vibrante y colorido. Creo que la esencia de un hogar radica en cómo se comparte: es un lugar para abrirse y nutrir a otros. Mi objetivo es que mi casa sea un refugio acogedor para todos los que deseen experimentarla”, concluyó.




