De apartamento histórico a casa moderna y etérea con vistas al parque
Hay quien construye un hogar para quedarse y quien lo hace para volver. Este apartamento de 150 m2, situado en la segunda planta de un edificio del siglo XIX en Piamonte (Italia), pertenece sin duda a la segunda categoría. La propietaria, una mujer que ha vivido lejos durante mucho tiempo: primero en París, luego Copenhague y después Milán, recibió la llamada de la familia y las raíces. Volver significaba reescribir la relación con una casa familiar que, con los años, había perdido parte de su identidad bajo capas de modificaciones desacertadas y capas de pintura. Las vistas al parque de silencioso y casi irreal, y la terraza jalonada de columnas de piedra hacia el jardín interior, hicieron el resto: esta no sería solo una residencia, sino una casa moderna para vivir, para compartir, para abrirse a los demás. Y, por supuesto, también un lugar para Fifa, la gata de la casa, que gracias a la flexibilidad del mobiliario, puede moverse sin cortapisas por toda la vivienda.
Una restauración que descubre la hisotria
Cuando los arquitectos Giulia Ambrosio y Mirco Durante -pareja en la vida y en el trabajo, fundadores de Ambrante Architetti- entraron por primera vez en el piso, la sensación fue clara: era un hogar que aún tenía mucho que decir, pero nadie escuchaba. Los falsos techos y los tabiques habían alterado las proporciones originales, restando fuerza a las bóvedas y a las decoraciones históricas. La elección, compartida desde el principio con la propietaria, fue la de comenzar una restauración que pusiera el acento en los frescos, sin atajos ni reinterpretaciones forzadas. Durante los trabajos, las decoraciones históricas resurgieron bajo capas de pintura, con huellas de distintas épocas que hoy permanecen visibles como un mapa del tiempo. "Decidimos dejar que el material hablara por sí mismo", dicen los creativos, quienes construyeron sobre esta base un diálogo con elementos contemporáneos deliberadamente ligeros. La lámpara Plus Minus de Vibia en la isla de la cocina, por ejemplo, parece seguir las decoraciones pintadas en la bóveda, mientras que los colores y las geometrías se han calibrado para aligerar la monumentalidad sin sobrecargarla en ningún momento.
El corazón de la casa: un volumen que contiene, conecta y acoge
El punto de apoyo del proyecto es un gran armario central hecho a medida, concebido como un elemento híbrido capaz de contener, distribuir y transformar. Guía la mirada desde la entrada hasta el salón, donde se convierte en cocina bajo la bóveda pintada, abrazando el espacio sin tocarlo. Alrededor de este corazón palpitante se desarrolla el salón, concebido no como un espacio estático sino como un lugar abierto a encuentros culturales, cenas, clases de cocina. La mesa de tres metros es el centro de la sociabilidad, mientras que el sofá, desplazable y giratorio, cambia de tapicería según la ocasión. La misma ligereza se encuentra también en los detalles: la isla de la cocina parece flotar gracias al zócalo de cobre espejado, y en el cuarto de baño principal el tótem que sostiene el lavabo de Cosentino emerge del suelo para luego disolverse en un estante para plantas y otros accesorios que conduce la mirada hacia la parte conservada de la bóveda. El resultado es una casa que no elige entre pasado y presente, sino que los pone en continua conversación, con una elegancia silenciosa que refleja a la perfección la vida de sus habitantes.
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Artículo publicado originalmente en AD Italia
















