Un rincón de lectura es un portal, y abrir un libro, cruzarlo. Aquí 10 piezas claves para hacerlo perfecto
Ya comenzado el año, es hora de poner en marcha todos los objetivos que nos propusimos el primero de enero. Y algo me dice que el más repetido tiene que ver con nuestro consumo de redes sociales… ¿me equivoco?
Diez libros al año, por trimestre o por mes. Sea cual sea el número ideal que ronda tus fantasías literarias, el primer paso es muy simple. Y no, no es ir a la Casa del Libro ni a la Cuesta de Moyano. El primer paso es dedicarle a las letras un rincón especial e invitarlas de nuevo a tu hogar.
Un rincón de lectura no es simplemente un sofá con una manta, ni una esquina cozy en el salón, ni una biblioteca llena de libros. Un rincón de lectura no es un refugio, es un portal. Un portal al siglo XVI, a un barco naufragado, a la selva amazónica, al futuro, a otras vidas y a otros sueños. Por eso, antes de embarcar en estos viajes, conviene abrocharse el cinturón y ponerse cómodo.
Sumergirse en los universos paralelos que encierra un libro, atestiguarlos, sentirlos y vivirlos como propios invita a ciertos rituales: la luz cálida de una lámpara, el aroma de una vela, el calor de una taza en las manos. Estos pequeños detalles elevan el viaje de la imaginación a primera clase…
Ni muy reclinada ni demasiado recta, la butaca ideal debe dominar el arte de la comodidad sin invitar, necesariamente, a una siesta. Si lo que se busca es que las sesiones de lectura sean largas y placenteras, hay varios elementos a tener en cuenta a la hora de elegirla.
Por más aburrido que suene, contar con un buen soporte lumbar y cervical es clave a largo plazo. A esto se suman los apoyabrazos, un auténtico must que aporta mayor comodidad y permite variar las posturas sin interrumpir el viaje entre páginas.
Tejida a mano o industrial, de lana hilada o de vellón, una buena manta te invita a acurrucarte, se convierte en tu mejor aliada y te acompaña de la cama al sofá (y viceversa).
Si lo que buscamos es un espacio verdaderamente acogedor, la luz de techo se convierte en mala palabra, y es momento de que brillen —literalmente— las lámparas de pie o de mesa. Su presencia no solo define el ambiente, también acompaña la experiencia de lectura.
La elección de la bombilla es fundamental, sí, pero por el momento nos centraremos en su diseño: formas que dialogan con el espacio, materiales que suman textura y una luz que abrace más que ilumine. ¿Un plus? Que sea regulable.
Sí, una pequeña mesa auxiliar es fundamental, aunque suele pasarse por alto. Es el lugar perfecto para apoyar tu taza de té, tus anteojos y una vela (si eres de los míos). Sin embargo, si tu rincón de lectura lo armarás en una esquina o en un espacio reducido, no tiene por qué tratarse necesariamente de una mesa: puede ser un pedestal, un banquito o incluso… ¿una pila de revistas?
El ambiente se transforma automáticamente al encender una. El aroma se expande por el espacio y el titilar de la llama acompaña, suave, la lectura mientras alumbra las páginas del libro. ¿Qué más se puede pedir?
Una taza de té, de café… ¿o de matcha? Caliente entre las manos, marca pausas, acompaña silencios y se convierte en parte del ritual tanto como el propio libro. Aunque en los capítulos más divertidos quedará olvidada sobre la mesa de apoyo, en esos momentos cumplirá el rol de simplemente hacerte compañía.
Ahora sí, es hora de abrir el primer libro de tu lista. Con la primera frase leída, el rincón cobra sentido… y el viaje comienza.
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