Los muebles estilo ‘mid-century’ que están arrasando en las redes
Todo empezó con una cámara. Durante la pandemia, aburrido, Álvaro Jauma decidió que podría hacer retratos a su familia, y se le ocurrió construir un taburete donde sentar a sus parientes. Spoiler: nunca llegó a hacer una sola foto. La creación del mueble le absorbió de tal manera que pasó el encierro en el garaje, lijando todo lo que encontraba por casa.
Ese fue el inicio de su amor por la madera, su comienzo como ebanista. “Empecé a empaparme de vídeos de carpintería, a seguir a un montón de creadores de contenido y marcas de muebles –principalmente, nórdicas, japonesas y estadounidenses– y a producir mis primeras piezas. Siguen en mi casa, y me dan bastante vergüenza cada vez que las veo”, confiesa. Pero eso es porque su mejora en el oficio ha sido exponencial; tanto, que ya son miles de personas las que alaban sus diseños en Instagram. “En ningún momento lo podría haber anticipado, teniendo en cuenta que es algo bastante nicho”, cuenta. Pero lo cierto es que este licenciado en marketing es muy consciente de que las redes son el escaparate perfecto, y como tal, les dedica buena parte de su jornada de trabajo, que es virtualmente infinita.
Instagram content
“Lo mejor de ser ebanista es haber conseguido dedicarme a lo que más me gusta hacer: el tiempo pasa mucho más rápido cuando haces algo que disfrutas, por lo que no me cuesta hacer jornadas de 12 o 14 horas en el taller. Lo más difícil es compaginar esas jornadas con el resto de mi vida”, confiesa.
La dedicación es aún más intensa ahora que está emprendiendo por su cuenta. Desde el coworking de ebanistería madrileño Made de Madera crea sus piezas, pero también gestiona su marca, sus cuentas y todo aquello que le aleja del banco de trabajo, del que no se ha despegado apenas en los últimos años. Primero estuvo tres en el taller de su tío, aprendiendo el oficio; después, trabajó en Noruega, en el taller de GG Möbel. “Es uno de los países con mayor tradición en carpintería. No solo me enseñaron mucho de lo que hoy sé, sino que aprendí a cultivar más si cabe el culto al oficio, y a enamorarme mucho más de lo que hago. La verdad que fue una de las mejores experiencias de mi vida”, recuerda Jauma.
Muebles de estilo ‘mid-century’ pensados para trascender generaciones
“Me gustaría imaginar que una de mis piezas, dentro de 200 años, sigue en una casa porque alguien no ha sido capaz de desprenderse de ella, a pesar de que su principal propietario ya no esté presente, porque ha estado ahí durante toda una vida”, cuenta Jauma. Esa vocación de atemporalidad se traduce en diseños propios de inspiración mid-century ideados para durar. “Pongo mucho foco en la calidad de los materiales, en las uniones y en una forma de construir que prioriza la durabilidad. La estética es importante, pero siempre al servicio de que la pieza tenga una vida larga y compartida", continúa.
El proceso comienza con lápiz y papel, donde el profesional plasma el concepto que tiene en la cabeza. Luego, pasa esa idea al ordenador, donde define formas, proporciones y materiales. Aunque la parte crucial se desarrolla a partir de la materialidad: “Voy a buscar la madera y veo qué hay realmente disponible: calidades, vetas, formatos. Ese momento suele hacer que el proyecto se ajuste o evolucione”, cuenta.
Y continúa: “Me inspiro mucho desde lo sensorial, lo físico. El tacto suele ser mi punto de partida: pensar en los materiales que quiero usar, entender qué aportan, cómo se sienten, cómo envejecen, cómo acompañan el uso cotidiano”. Con la madera dictando el trabajo en el taller, Jauma pone énfasis en las uniones y en una forma de construir que priorice, claro, la resistencia.
El proceso es largo y minucioso, por lo que el coste también supera el de los muebles industriales. “En España, el precio se analiza al detalle y se tiende a pedir una justificación constante de por qué algo cuesta lo que cuesta. Eso te obliga, como profesional, a aprender a defender el valor de tu tiempo, de tu conocimiento y del proceso, y a asumir que poner un precio justo también es parte del trabajo”, explica el ebanista. Esa cultura centrada en ajustar costes también hace que aquí sea difícil invertir en talleres, maquinaria o mejoras a largo plazo. “En otros países en los que he trabajado, como Noruega, he percibido una mayor facilidad para entender la inversión como parte natural del crecimiento del oficio”.
A la vez, sin embargo, Jauma considera que lo hecho a mano vive un momento de auge: “Cada vez hay más interés por lo artesanal, por la calidad y por piezas hechas para durar”. Es una buena noticia de cara a cumplir su sueño: volver a su tierra natal, A Coruña, y comprarse una casa grande donde poder montar su ebanistería y contratar a un pequeño equipo de trabajadores. “Me gustaría poder mantenerme siempre en el taller hasta arriba de serrín”.
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