El ático con vistas al mar de 216 m2 de una estrella del fútbol italiano que refleja su vida y sus pasiones
Cuando Carlo Oriente, fotógrafo y amigo, me pidió que describiera este proyecto, enseguida sintió la necesidad de hacer una aclaración: la casa pertenece a un futbolista, más concretamente al delantero de la selección italiana y del Nápoles, Matteo Politano. Un detalle que no carece de importancia. Porque, como suele ocurrir en los proyectos de renovación más exitosos, no es solo la atenta mirada del fotógrafo o la habilidad de arquitectos y diseñadores lo que realmente da vida a los espacios, sino sobre todo las personas que los habitan. Sus pasiones, sus gustos, su ritmo diario. En este caso, Nápoles se convierte en el hilo conductor de todo el proyecto, dentro y fuera de la vivienda, transformándola en una prolongación natural de la vida y la identidad de su propietario. El azul y el blanco de la SSC Napoli dominan los interiores; fuera, como contrapunto, el azul del cielo y del mar abrazando la evocadora ensenada del Tirreno. Una pared, concebida como una pequeña galería personal, exhibe sus camisetas: las que llevan el número 21 del Nápoles y las anteriores. Un discreto pero poderoso homenaje a su pasión, a su tierra, a su deporte: el fútbol.
La relación perfecta entre interior y exterior
Esto fue posible gracias a los diseñadores de Officine C16, llamados a traducir un deseo preciso. Un ático con vistas al mar, en el que la prioridad de los propietarios no era tanto el "qué ponerse" sino el “cómo sentirse” cada día. La petición inicial hecha al estudio era preservar y amplificar la relación con el paisaje, transformando la vista en una presencia constante, nunca decorativa. De ahí surgió un proyecto que habla de luz, de horizontes abiertos y de una vida cotidiana pensada para ser vivida sin filtros, en continuidad natural con el exterior. Es aquí donde Matteo, junto con su mujer Alessandra Esposito y su hija, nos da la bienvenida y entrar se convierte casi en un gesto natural. La entrada conduce inmediatamente al corazón de la casa: un salón fluido y luminoso, atravesado por una mirada que recorre un eje visual preciso, de la mesa del comedor a la isla de la cocina, pasando por la línea azul del mar. Una forma de vivir que dice mucho de los propietarios: amantes de los espacios abiertos, de la convivencia espontánea, de una belleza medida que no necesita ostentación.
216 m2 más terraza con vistas al mar
La zona de noche marca un cambio de ritmo, sin perder nunca su conexión con el paisaje. Una gran puerta a toda altura conduce a una secuencia más íntima, en la que cada habitación mantiene una relación directa con la luz y el mar. En el dormitorio principal, esta conexión alcanza su punto álgido: la doble abertura enmarca el panorama como una obra de arte natural, visible tanto desde la cama como desde el cuarto de baño en suite. Aquí, el diseño juega con el sutil equilibrio entre transparencia e intimidad, gracias a soluciones flexibles como la ducha panorámica que puede ocultarse y el vestidor con puertas de cristal. El resultado es un espacio que transmite una idea precisa del bienestar doméstico: el confort vivido como una experiencia sensorial, hecha de materiales, silencio y luz. Este ático de 216 m2 con terraza y vistas al mar es el retrato de un estilo de vida consciente, en el que cada elección de diseño refleja el deseo de los propietarios de sentirse, cada día, exactamente donde quieren estar.
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Artículo publicado originalmente en AD Italia









