La dirección es inmejorable, a dos pasos del Elíseo, aunque generalmente, esta suele ser una de las ventajas de los pisos pequeños. Este es un apartamento haussmanniano, que en el pasado, estuvo dividido en dos. La propietaria, un coleccionista de arte, quería convertir estos 50 metros cuadrados en un elegante y discreto pied-à-terre. "Ni molduras bonitas, ni balcón a la calle, pero con sus altas ventanas a un encantador patio histórico, y techos de 3.20 metros de altura... la superficie era una página en blanco", confiesa la arquitecta Adeline Hémonnot, cuya misión era devolver la majestuosidad a estas habitaciones sin carácter. Para ello, trabajó en cada etapa del proyecto con Sophie y Florian Libéral, el dúo de decoradores/diseñadores de Sensible Paris, y Anne Sirot, comisaria de arte.
Contar una historia
Cualquier arquitecto puede constatar que la coherencia de sus diseños no siempre sobrevive a la disposición de sus clientes. Es muy raro encontrar un proyecto en el que cada detalle del interior haya sido pensado de antemano, con cada mueble en el sitio perfecto y cada obra de arte destacada. "Normalmente, cuando nos encargan un proyecto, solemos intervenir una vez ‘la caja’ se ha fabricado", dice Florian Libéral. Algunas veces el arquitecto nos da su ‘lista de la compra’, otras, los propietarios han empezado por su cuenta y se han quedado sin ideas." La figura del comisario de arte suele venir después, añadiendo algunos retoques aquí y allá a una puesta en escena ya fijada. "Es importante entender que lo que propongo es arte in situ, no otra galería de arte más", explica Anne Sirot. "Mis elecciones se adaptan al lugar, a su historia y a la de sus ocupantes." La asociación de los cuatro estetas nació precisamente de esta observación, una asociación que, en vista de los resultados, especialmente en pisos pequeños donde cada espacio cuenta, debería darse más a menudo.
Creando ambientes
En la entrada, el suelo de hormigón encerado, con su tono contemporáneo y sobrio, unifica la superficie del espacio y crea sensación de amplitud, mientras que las cornisas redondeadas del techo son elegantes, sin ostentación. Las puertas blancas están adornadas con un círculo central negro, cuyo diseño hueco recuerda a las contraventanas interiores de pisos antiguos. Los dos pasos simétricos del salón a la cocina tienen marcos ornamentales de chapa de roble teñido de palisandro, evocando los palacios del sur de Italia, y coronados por otro círculo, el hilo conductor del diseño del piso. Detalles similares puntúan y ennoblecen el espacio en la cocina, el dormitorio y el vestidor. Pero esta no es su única función. Su color oscuro es el marco perfecto para las obras elegidas por la comisaria Anne Sirot.
Un decorado habitado
Aquí, lo vintage y lo contemporáneo se entremezclan, al igual que la paleta de materiales: cerámica, madera quemada, metal forjado, cuero, tejidos, lana, hormigón... todos tienen cabida y viven en armonía. Los tonos tranquilos, la redondez de las formas, el mobiliario, y la arquitectura, aportan suavidad, mientras que la carpintería oscura da fuerza y energía. En una pared del salón, destaca un gran cuadro abstracto de colores de Renaud Barse. En otro rincón, las líneas de las esculturas de Johanna de Clisson dialogan con un sofá de Pierre Paulin, una lámpara de pie G2 de Pierre Guariche, un taburete de fibra de vidrio de Lukas Cober y una mesa de roble ennegrecido al fuego de Valentin Loellmann... En el dormitorio, sobre una pared color crema, un gabinete de curiosidades flamenco del siglo XVII se alza junto a dibujos contemporáneos y una escultura de hormigón de Mattia Listowski. La propietaria por fin disfruta el arte de vivir en un decorado que se parece a ella, y a nadie más.












