Carolina Herrera: el legado del gusto en el nuevo episodio de ‘Mi casa en AD con Kave Home’

Carolina Herrera llega a ‘Mi casa en AD con Kave Home’ para explorar una pregunta fascinante: ¿el gusto se hereda? Entre anécdotas familiares, casas que marcaron épocas y una sensibilidad afinada con los años, este episodio se convierte en una oda al arte de vivir.
Carolina Adriana Herrera

¿El gusto se hereda? Un episodio para descubrirlo con Carolina Herrera

En este nuevo episodio de Mi casa en AD con Kave Home nos hacemos una pregunta que parece sencilla, pero que en realidad esconde todo un universo: ¿el gusto se hereda?
Y nadie mejor para explorar esa respuesta que Carolina Herrera, directora creativa, productora y una de las voces más refinadas del arte de vivir contemporáneo. Su presencia no solo ilumina la conversación: la transforma en una lección íntima sobre sensibilidad, memoria y estilo.

La educación silenciosa del ojo

Carolina creció en un entorno donde la belleza no se enseñaba de forma explícita, sino que se respiraba con naturalidad. En su casa —rodeada de objetos con historia, arte, flores, conversaciones y referencias culturales— aprendió que la elegancia no nace del exceso, sino de la atención: de esa forma de mirar antes de decidir. Esa fue su verdadera educación estética, silenciosa y constante, que solo con los años comprendió en toda su profundidad.

Infancia en Caracas: historia, jardines y jazmín

Su infancia transcurrió en una antigua hacienda del siglo XVI en Caracas, un escenario casi cinematográfico donde convivían historia y vida cotidiana sin fronteras claras.
Allí, entre jardines infinitos —“el jardín de los sueños”— y un aroma que aún la acompaña, el jazmín, comenzó a forjarse esa sensibilidad que la guiaría siempre. Las piezas cargadas de memoria, los retratos, las historias familiares, los objetos que sobrevivían porque significaban algo: todo ello configuró una idea esencial para ella. Un hogar no nace de un diseño impecable, sino de las huellas que lo habitan.

Carolina Adriana Herrera
Madrid: la ciudad donde encontró su propia mirada

Años más tarde, tras vivir en Nueva York, llegó a Madrid, la ciudad donde encontró su madurez.
Su primera casa —la misma que apareció en el segundo número de AD España— se convirtió en el espacio donde descubrió qué sucede cuando nadie decide por ti; cuando abrir la puerta significa entrar también en tu propia mirada. Fue entonces cuando entendió que el gusto no es un atributo heredado de manera literal, sino una conversación entre lo aprendido y lo elegido. Un territorio que se depura con el tiempo.

La casa de Carolina Herrera
El cuadro es una copia ampliada de un dibujo de Iñigo Jones del XVI que Carolina Herrera encontró en un libro. Los muebles y objetos del salón, la mayoría antigüedades, se disponen de manera ecléctica. El puff que sirve como mesa de centro está tapizado con una tela de cebra de Diamond & Foam, una tienda de Los Ángeles.Antonio Terrón
Las casas vivas: luz, energía y memoria

A lo largo del episodio, Carolina reflexiona sobre lo que busca en una casa: luz, energía, naturalidad, una atmósfera que permita respirar. Bromea diciendo que sueña con “un jardín con casa, no una casa con jardín”, pero detrás del humor late un principio que atraviesa su vida: la conexión emocional con los lugares. Le atraen los espacios que conservan algo del pasado, rastros que dialogan con el presente sin convertirse en museo. “Las casas están vivas, nunca están acabadas”, afirma. Y en esa frase cabe una filosofía entera: la de entender el hogar como un proyecto en movimiento.

Lo que se hereda sin decirlo

Cuando habla de sus hijos, su mirada vuelve a aquella educación silenciosa. Ellos observan —como ella observó— y repiten, sin darse cuenta, gestos que un día serán su propia herencia estética. La verdadera respuesta a la pregunta inicial empieza a dibujarse ahí. El gusto quizá no se hereda como un objeto o un apellido, pero sí como una forma de estar en el mundo, una manera de mirar que pasa de generación en generación y que cada quien reinterpreta a su modo.

Un viaje sensorial por una vida llena de belleza

Este episodio no es solo una conversación: es un viaje sensorial por casas vividas, jardines que marcan destinos, objetos que guardan memoria y ciudades que moldean etapas.
Un acercamiento exquisito a una mujer que ha sabido honrar su legado familiar sin quedar atrapada en él, y que demuestra que el gusto, cuando es auténtico, no se impone: se contagia.

“Todos los días —dice— el ojo aprende.” Y después de escucharla, nosotros también. El episodio ya está disponible en nuestra web, Spotify, Apple Podcasts y en nuestro canal de YouTube.

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