Amplificar el espacio de una casa pequeña es posible cuando se cuenta con una distribución funcional que aproveche cada metro cuadrado de manera estratégica y un uso adecuado del color que aporte luz y continuidad visual.
Una casa pequeña seduce a través de acentos rojizos
Para la restauración de una vivienda, el despacho de interiorismo y arquitectura Somos Nido utilizó el color rojo como arma secreta.
“El color rojo actúa como hilo conductor a lo largo de toda la vivienda, apareciendo de forma puntual y precisa. Se combina con carpintería de madera a medida, tapicerías diseñadas específicamente para el proyecto y una cocina para la que las baldosas se crearon expresamente, probando distintos dibujos hasta encontrar el equilibrio adecuado. Todo responde a una búsqueda de coherencia, continuidad y carácter”, cuentan desde Somos Nido.
El rojo se refleja en sofás, paredes o cojines. En la habitación infantil, aparece de forma delicada, pero notoria, en el encuentro entre pintura y papel tapiz, resolviendo la transición con un borde de pequeñas esferas que protege la pared y acompaña el uso cotidiano del espacio. El color no lo domina todo: lo ensalza con su estudiada aparición aquí y allá, probando que la interiorista Migliazzo Simon tenía razón cuando postuló en 2024 su viral teoría del rojo inesperado. La misma afirma que cualquier estancia mejora automáticamente añadiendo algo de este tono.
No obstante, más allá de este gesto, la reforma a esta casa pequeña por parte de Somos Nido seduce gracias a su inequívoco buen gusto. “La inspiración nace de una mirada a los años 80, combinada con el interés de los propietarios por el mobiliario vintage. El reto fue hacer dialogar esa referencia temporal con una arquitectura contemporánea, integrando interiorismo y espacio construido como un todo, sin jerarquías”, recuerdan.
Distribución funcional para ampliar el espacio
¿Otro desafío? Transformar la casa pequeña, el espacio oscuro y compartimentado —fue construido, efectivamente, en los 80—, en un hogar luminoso… sin perder altura. “Los propietarios no querían bajar techos, a pesar de la necesidad de incorporar nuevas instalaciones”, cuentan. Después de mucho estudiar el asunto, la solución pasó por crear una redistribución muy estudiada, priorizando la entrada de luz natural en todas las estancias y afinando cada decisión para mantener la sensación de amplitud y altura originales. Cuando la luminosidad no era directa, se usaron bloques de vidrio, como ocurre en el baño principal.
En el rediseño también resultó imprescindible adaptarse a la forma de vivir de la familia, una pareja franco-española con dos hijos que se enamoró de la forma de construir de Somos Nido a través de su presencia en Instagram. De hecho, adquirieron la propiedad con el acompañamiento de The Home Hunter, empresa hermana del estudio.
El resultado transformó los antiguos 159 metros cuadrados de la casa pequeña, más los 39 de balcón y terraza, en un refugio en plena Barcelona. “Es un hogar muy tranquilo, cálido y acogedor, pensado para el descanso, la vida familiar y las reuniones. Un espacio amplio, sereno y equilibrado, que funciona como un oasis urbano en Barcelona”, explican desde Somos Nido.
“PIA es un proyecto que va un paso más allá en cada decisión. Un ejercicio de equilibrio entre sensibilidad y criterio. Un hogar pensado para vivir con calma y en familia, donde el diseño existe, pero no se hace notar y cada gesto responde a una intención clara”, concluyen.
Artículo publicado originalmente en AD España.


















